Mi vida entre milenials.
Mi vida entre milenials.

Mucho se ha estudiado de la demográfica emergente en el país y el mundo, los milenials. En el mundo del marketing, la comunicación y la publicidad, son el santo grial. Quien llegue a predecir la generación impredecible, tendrá la ventaja. La marca que logre vincularse con ellos podrá tener su futuro garantizado. Y es que sabemos tanto de ellos que no los conocemos. No sabemos que quieren, por quien votan, que van a ser de grande. Para conocerlos, hay que vivir con ellos. El problema es que el marketero o publicista cuando llega a la edad en la que puede considerarse un experto está demasiado lejos de ellos. Es como el intro de la serie Lost: cuando el logo está lejos está borroso y poco definido, pero cuando está cerca tampoco lo puedes ver bien.
He decidido hacer lo que pocos han intentado. Conocerlos en su hábitat. He vuelvo a la universidad, mi nuevo campus es la Universidad Casa Grande. Me inscribí en el plan de profesionalizantes para obtener mi título de comunicador social con especialización en redacción creativa, carrera que encontré mientras era diseñador gráfico (graduado de Espol). Ha sido una experiencia fantástica y me ha presentado a los mejores profesionales de mi área, pero no son milenials. Hace pocos meses, para no perder tiempo por unas materias que me faltan antes de graduarme se me presentó la oportunidad de ver una materia: comunicación enfocada en medios digitales (muchos dirían pan comido), esta vez con mis desconocidos compañeros de pregrado: milenials todos. Chicos y chicas entre 20 a 23 años. Yo, un simple observador, me he dedicado a escucharlos, discutir y aprender de ellos. Puede decir con certeza que:

LOS MILENIALS SON GLOBALES

Lo que más me impresiona es su desenvolvimiento. Estos milenials pasaron de la infancia a la adultez prematura. Su léxico, postura y opinión es muy concreto. Cualquiera de mis jóvenes compañeros puede pararse y defender su punto de vista entre el jihadismo y los otakus. Su visión es global. Claro, viviendo desde niños en el mundo globalizado e interconectado pertenecen a la sociedad de la información. Estar actualizados es un atributo característico en ellos. Al pasar su vida en el ciberespacio pierden el concepto de espacio, las distancias no existen, pero eso no desdibuja las fronteras.

 

LOS MILENIALS SON UNA RED

Los milenials viven una eterna sinapsis. Basta que se vean para conectarse, juntos, son el cerebro colectivo más grande de la historia. Representan la versión viviente de internet. Si uno sabe algo lo comparte, en vivo y en persona. Algo que los marketeros por comodidad no han entendido es que son múltiples perfiles al mismo tiempo, y en cada uno pertenecen a una comunidad. Apenas se ponen de acuerdo en algo uno crea un grupo de Whatsapp y continúan con su día, por que están conectados.

 

LOS MILENIALS SON OBSERVADORES

Mientras toda la publicidad los stalkea, ellos no han dejado un segundo de analizar su entorno. Conocen más que bien a las generaciones con las que conviven. Son máquinas de encontrar insights. Su pertenencia al mundo globalizado hace que detecten más rasgos característicos que el resto de nosotros. Por ejemplo, ellos han descrito en clases:

– Saben que sus madres y padres 45 a 60 años en promedio, mienten de su edad en redes sociales.

– Se burlan y ven con afecto los hábitos de consumo de medios digitales de la generación X y más aún de los boomers.

 

LOS MILENIALS SON ESPACIALES

El milenial tiene bien claro el espacio que ocupa, sabe que otras generaciones no los respeta. Me explico: no se meten en asuntos que no les pertenecen, por eso aparentan una armonía social entre ellos. No fueron criados como se solía generalizar, niño y niña, sino que fueran organizados por intereses, siempre respetado la visión del otro. Si espacio personal es importante, es su área zen.

Para ellos cada red social es un espacio, que obedece cierto comportamiento. Por ejemplo para ellos Facebook representa la vida real, ahí está la familia, amigos, vecinos, noticias, marcas. Instagram es la vitrina para mostrar la vida perfecta, los highlights de su día (hay un estudio que dice que Instagram puede llegar a deprimirlos, por no lograr lo que se ve con tanta naturalidad con sus contactos en fotos, yo opino que ese estudio ignora que probablemente la pornografía online les haya robado la inocencia y los lleva a una depresión más profunda y solitaria). Han dicho que no le temen al deep web. Haberse expuesto a todo en internet los curtió, los preparó siempre para lo peor. Uno comentó que de niño se hacían concursos de quien veía más rotten, un sitio que tenía lo peor de internet a nivel público.

 

LOS MILENIALS SON PROSUMERS TODO EL TIEMPO

Hablar con un milenial es salir con un par de recomendaciones de algo que hay que probar o un app que te está haciendo falta. Todo es compartido en el momento, desde sus gustos de ropa a la película extranjera que debes ver. Su activismo digital se activa por momentos. Saben que pueden ser y hacer mucho siempre que no estén limitados por tiempo espacio.
Pienso que el milenial es el ser que mejor maneja su tiempo social con smartphone. No se ve ese esterotipo del chico desconectado. Saben que hay espacios en los que se debe respetar el tiempo de los demás.

Lo más importante, no se ven ni llaman ni se piensan milenials. Ellos son gente normal que viven un contexto especial. Son hombres y mujeres a los que le toco vivir el futuro en tiempo real.

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Comments

  • Comment Creo que en esta frase, captas mucho de la “milenialidad” y la relación que tenemos nosotros, los no-milenials con ellos: “Y es que sabemos tanto de ellos que no los conocemos, no sabemos que quieren, por quien votan, que van a ser de grande”. Concuerdo, estos chicos, la generación más fotografiada de la historia, los más conectados, los que tuvieron todo el acceso a la información, lo que no quieren adquirir productos, si no experiencias, son en última instancia un gran misterio para sus padres, profesores y las marcas que desesperadamente les suplican que “prosuman” acerca de ellas. Es cierto que son muy articulados y que no se amilanan a la hora de dar su opinión, pues se han acostumbrado a que esas pantallas parpadeantes de las redes sociales les hagan preguntas como “¿qué está pasando? o “¿en qué estás pensando?”.

    Por otro lado, en el fondo, siguen siendo muchachos, informados, articulados, pero muchachos, no nos engañemos, no la tienen clara, viven en un mundo mucho más complicado que el de nuestra adolescencia y de ellos se espera todo, que sean buenos ciudadanos, que reciclen, que respeten los derechos humanos, mientras todo referente importante se ha diluído. Ellos ya no tienen patria, ni Dios, ni apellido, ni profesión, ni partido de qué asirse. Solo tienen a sus teléfonos, que se dicen “smart”. Hacen lo que pueden en este convulsionado mundo globalizado y como propone el Psicoanálisis siguen resolviendo el tema del deseo y de la falta, como cualquiera de nosotros

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