El suplicio del millennial
El suplicio del millennial

Cuando Tántalo, enfureció a los dioses de la mitología griega, fue castigado por toda la eternidad con que cada vez que tuviese sed no podría beber agua y cuando tuviese hambre no podría alcanzar comida. En esta fábula se conjura el mismo sentimiento de todo millennial: la tentación sin satisfacción. Y es que el joven e incomprendido mileniano, que ronda la veintena de años ha crecido en un mundo globalizado en el que no se le ha permitido nunca la competitividad. Se nota ahora en esta era en la que todo niño recibe un diploma por el simple hecho de asistir a la escuela, donde cada adolescente ha ganado en Angry birds y en cualquier juego en línea, metas que le brindan una fugaz sensación de haber logrado algo, cuando verdaderamente no ha logrado nada. En su erudición, muy pocos millennials leen libros, pues son expertos en buscar en google, mientras sepa como manejar la información, o sea management, no tendrá más que saber localizar el link más acertado. Si en algo es experto el millennial es en saber cual es la información indicada, claro que su visión del mundo depende de Wikipedia, hechos corroborados colectivamente, pero que muchas veces carece de un respaldo científico, académico, legal o moral. Así va creando su propia leyenda.

El millennial es el santo grial de los estudios de mercado de la generación X. Todo migrante digital piensa que ha leído lo suficiente para conocerlo. El pobre millennial no es más que un sapo disecado, un ser cuyo interior ha sido extirpado, cuyos brazos y piernas yacen clavados con agujas a un tablero, para ser incomprendidamente analizado. Es que el migrante digital no entiende esta nueva anatomía del ser nacido y crecido en el siglo 21, tan lejos del siglo de las luces (Alejo Carpentier) tan lejos del futuro. Como dijo Arthur C. Clarke, autor de Odisea espacial 2001 “El futuro no es lo que solía ser”. El joven de hoy no resultó ser el millennial que esperábamos.

Para el millennial el futuro nunca existió, siempre ha existido. El internet es un servicio básico, la globalización le abre todas las tentaciones que un joven pueda desear, de lo más sano a los más obsceno, pero la saturación de impulsos no le permite nunca encontrar algo que lo satisfaga. Todo lo ha tenido en exceso. Si un día le gustó un juego no lo abandonó hasta dominarlo, solo para conocer que alguien al otro lado del mundo un segundo más tarde había superado su meta. Un día el millennial crecerá y encontrará placer en el vacío, en el silencio, pero mientras se desarrolla y alcanza esa edad productiva, mientras todas las profecías del marketing y la publicidad se cumplen, cuando el millennial empiece a comprar a diestra y siniestra con su dinero electrónico, sus tarjetas de crédito, su paypal, su wallet, cuando llegue el momento de la verdad; entonces el millennial dejará de ser millennial y se convertirá en un consumidor.

Todos los estudios dicen conocer al millennial, pero no todos los jóvenes lo son, no todos desean serlo. No les queda otra opción que aceptar su realidad, como un día los babyboomers tuvieron que hacerlo, como la generación X creció con la televisión como padre, ahora el millennial crece con sus youtubers de tutores, con sus comunidades que lo guían, lo nutren. Su comportamiento está medido a la precisión, si no se comporta como dicen las predicciones, algo muy malo le pasará a los gurús del siglo 21, se volverán charlatanes, como en su momento todos los gurús lo hacen. Otro instrumento extraño en la colección de Jaron Lanier.

Igual que Tántalo, el millennial quiere alcanzar la madurez pero su futuro ya ha sido pronosticado sin dejar nada a la espontaneidad, al azar. Quiere alcanzar el control de su vida, pero no posee las herramientas necesarias, solo sabe donde encontrarlas y basta con saber que es la primera generación que no alcanzará el futuro por que nació en él, que no sabe hacia donde dirigirse. Para el millennial no hay mundo sino la suma de pequeñas aldeas, tribus, comunidades. Para el millennial no hay leyendas, todo está documentado, todo lo sabe, todo lo puede saber; cuando uno lanza su deseo al viento otro lo interpreta; sin verse se conocen; son perfiles que a veces son personas. Vota, por sentir el poder, y su decisión tiene trayectoria. El millennial da mucho de que hablar a pesar de su paso en silencio por la evolución humana.

Portada: fragmento de la pintura Tántalo por el artista Gioacchino Assereto (1600–1649) Link back to Creator infobox template wikidata:Q2701986 http://www.museum-joanneum.at/upload/file/Tantalus_kl_1_.jpg This is a faithful photographic reproduction of a two-dimensional, public domain work of art. The work of art itself is in the public domain for the following reason: This work is in the public domain in its country of origin and other countries and areas where the copyright term is the author’s life plus 100 years or less.

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